Ciencia y Tecnología

Sobre la Terraformación y lo que significa

La terraformación, por el momento, sigue siendo solo un cuento de ciencia-ficción. Sin embargo, ya estamos listos para comenzar con los preparativos para un proyecto de esta magnitud.

Terraformación

Escrito por:

Arturo Bravo

21/04/2021

A lo largo de este artículo se discutirán varios puntos que envuelven al tema, es por esto que romperé el artículo en los puntos más importantes y seré conciso con cada uno de ellos.

¿Qué es?

La terraformación es el proceso por el cual se modifican condiciones ambientales a una escala global. Tiene como objetivo asemejar las condiciones de un planeta a las de la Tierra para así sustentar vida, específicamente, vida humana. Este concepto apareció por primera vez allá por los años 40’s –haciendo alusión a la ciencia ficción– y durante las últimas décadas ha ido ganando interés gracias a los avances que hemos tenido respecto al ámbito aeroespacial. Este interés ha llegado a tal nivel que ahora no es considerada como una idea descabellada.

Oportunidades y consecuencias

La primera idea que salta a la cabeza cuando se toca este tema es «tendremos un lugar al que llamar un Segundo Hogar», y eso no podría ser más cierto. La terraformación nos permitiría tener presencia fuera de la Tierra: permitirnos, por primera vez, la posibilidad de expandirnos y pasar a ser una especie interplanetaria. Además, nos aseguraría un lugar al que ir si ya no hay nada más que se pueda hacer para salvar otros mundos que ya hayamos habitado.

Este concepto nos ayudará a entender y experimentar mejor los fenómenos meteorológicos, así como aprender más sobre el cambio climático, sus causas y consecuencias. Sin embargo, no todo es color de rosa. La terraformación de un planeta podría traer diversas consecuencias negativas o perjudiciales, entre ellas está la de cortar una línea evolutiva en desarrollo: alterar las condiciones ambientales del planeta. Incluso si estos cambios no son radicales, podría erradicar cualquier desarrollo, o posibilidad de desarrollo, de vida nativa de ese planeta para siempre. Además del genocidio de toda una posible especie, hay problemas locales igual de grandes a tratar. Un gran ejemplo de esto es la controversia de «Si en lugar de terraformar otro planeta, ¿por qué no terraformamos el que ya estamos habitando?» o la de «Si enfocamos muchos de nuestros recursos en terraformar otro planeta, ¿no estaríamos dejando de lado otros problemas locales?», entre muchas otras. Son muchos los debates que surgen a favor y en contra de la terraformación, pero eso ya lo dejaré para otro posible futuro artículo.

¿Por qué sería importante discutir sobre el tema ahora?

Aunque en un futuro cercano es improbable que veamos el proceso de terraformación de un planeta, tenemos la tecnología suficiente para comenzar con los preparativos para la misma. Por tanto, actualmente, su importancia no debería ser despreciada.

Para poder comenzar el proceso necesitaremos de una gran inversión, sin mencionar las desorbitantes cantidades de energía que se requeriría y el tiempo que esto tomaría. Estos dos últimos puntos son considerados como las principales razones que obstaculizan el inicio de tal programa. No obstante, y como ya se mencionó en el párrafo anterior, contamos con la tecnología suficiente para comenzar a desarrollar tecnologías que posteriormente nos facilitarán enormemente con este proyecto. El científico planetario Christopher P. McKay nos dice lo siguiente:

Terraformar otro mundo requeriría casi con certeza un espacio de tiempo más largo que el de una década, sin embargo, un proyecto como este podría, actualmente, comenzar antes de que acabe esta década. Dentro de nuestro Sistema Solar, Marte es un posible candidato para terraformar utilizando la tecnología actual y la disponible dentro de una corta franja de tiempo.
(Extrapolation, 1982, p. 309)

Posibles candidatos

Dentro del Sistema Solar existen varios candidatos que prometen albergar vida terrestre, entre estos tenemos a los siguientes:

  • Mercurio

    Aunque sea difícil de imaginar, el planeta de hierro tiene cráteres que contienen agua congelada, y gracias a su cercanía al Sol, derretirla no será complicado. Una vez que tengamos agua líquida, se podrán construir domos en los cráteres, los cuales, posteriormente, podrán ser adaptados para albergar vida.

  • Venus

    La superficie de Venus es de, aproximadamente, 462°C. Asimismo, tiene una atmósfera más densa que la de la Tierra y está colmado de volcanes, por lo que su atmósfera es, sobretodo, tóxica. A pesar de esto, es nuestro vecino más cercano, y su gravedad es casi igual a la de la Tierra (0.9 veces la de la Tierra). Sin embargo, su magnetósfera es muy débil, por lo que también recibe grandes cantidades de radiación.

  • Marte

    El planeta rojo no tiene magnetosfera, su atmósfera es casi inexistente, tiene una temperatura de -63°C aproximadamente y su gravedad es alrededor de un tercio de la de la Tierra. Por el lado positivo, se sabe que existe agua líquida, aunque no en la superficie; además de ser el planeta del que más datos se posee.

  • Calisto

    Calisto es una de las lunas de Júpiter. La razón de por qué Júpiter no está considerado es porque los gigantes gaseosos serían muy difíciles de terraformar, solo su inmenso tamaño haría que el proyecto tomara muchísimo más tiempo que con cualquiera de los otros planetas rocosos de nuestro sistema. Habiendo mencionado esto, Calisto es la luna que menos radiación recibe del campo magnético del titán gigante (Júpiter) y tiene una abundante cantidad de agua, lo cual lo hace un excelente candidato.

  • Titán

    Es uno de los tantos satélites naturales de Saturno y posee una amplia gama de ventajas. Para empezar, tiene abundantes reservorios de recursos –como petróleo–, está cubierto por extensas cantidades de metano, amoniaco y principalmente agua, además de tener una gran concentración de nitrógeno en su atmósfera. La combinación de todo esto convierte a Titán en un excelente candidato para terraformar, pues muchas de estas condiciones se creen que existieron también durante las primeras fases de la Tierra. El hielo en su superficie contiene también gases de efecto invernadero, lo cual facilitaría enormemente calentar el satélite. Como punto adicional, pasa la gran parte del tiempo protegido en el campo magnético del planeta anillado.

Estos fueron algunos de los mejores candidatos para sostener vida terrestre dentro de nuestro sistema solar. Entre todos ellos, destaca Marte, principalmente por lo mucho que ya se conoce de este planeta. Sin embargo, no es ni de cerca el mejor candidato, pues es uno de los más difíciles de terraformar –debido, en gran parte, a su falta de magnetósfera– pero es el más viable considerando la tecnología que tenemos disponible actualmente y su cercanía a la Tierra.

Pasos para terraformar un planeta

En este punto, utilizaremos a Marte para ejemplificar el proceso de terraformación, pues es uno de los ejemplos más completos que podemos tener, además de las ventajas mencionadas anteriormente.

Para lograr que Marte albergue vida terrestre necesitamos cumplir con tres requerimientos primordiales:

  1. Necesitamos un campo magnético

    El campo magnético es lo que protege a un planeta de la radiación que le llega a este: tormentas solares, partículas ionizadas y radiación en general. Es producido por el movimiento del núcleo fundido del planeta. Debido a que parte del núcleo de Marte se ha solidificado, su campo magnético se ha deteriorado, y si no se le protege de la radiación que lo bombardea, cualquier esfuerzo posterior por terraformar el planeta rojo será deshecho.

    La solución más popular a este problema es ubicar un dipolo cerca a Marte; específicamente en la dirección entre el mismo y el Sol, pero pegado a Marte. Este dispositivo generará un campo magnético, el cual tendrá un efecto similar al del de la Tierra, protegiendo a Marte de la hostilidad del espacio.

  2. Necesitamos una atmósfera y adecuar la temperatura

    La actual atmósfera de Marte es 100 veces más delgada que la de la Tierra. A esto hay que sumarle que el 95% de la atmósfera marciana está compuesta por dióxido de carbono y que menos del 1% es oxígeno, comparado con la atmósfera terrestre, cuyo porcentaje de oxígeno es del 21% y donde menos del 1% es dióxido de carbono.

    Los dos gases de efecto invernadero que encontraremos con mayor probabilidad en Marte son el dióxido de carbono y el vapor de agua. Además, se sabe que existe una considerable cantidad de CO2 congelado en los polos de este. Sin embargo, todo esto no es suficiente como para restaurar una atmósfera y, lo que es más, la mayoría de las reservas de dióxido de carbono no son accesibles con la tecnología que actualmente tenemos.

    Las cantidades de gases de efecto invernadero necesarias para alcanzar una temperatura y presión atmosférica óptimas para que exista agua líquida en la superficie se encuentran en depósitos de minerales bajo tierra, y llegar a estos requeriría de grandes cantidades de energía. Otra alternativa contemplada fue redirigir asteroides para que impactaran la superficie del planeta, sin embargo, se requeriría de varios de estos para lograr la meta, lo cual hace la idea también muy costosa.

    Por el momento, este es el punto más difícil a resolver pues, como se mencionó, no tenemos los recursos necesarios in-situ para restaurar una atmósfera, y llevar los recursos desde la Tierra resulta igual de inviable que la opción anterior.

  3. Necesitamos oxígeno y agua

    Actualmente, el Perseverance cuenta con un experimento –el MOXIE, por sus iniciales en inglés “Mars Oxygen In-Situ Resource Utilization Experiment”– cuyo fin es el de producir oxígeno a partir del CO2 presente en el aire marciano. El oxígeno producido por el MOXIE no solo será respirable, sino que también servirá de combustible para facilitar la exploración del planeta.

    El hecho de que se pueda producir combustible en Marte significa que no tendremos que desperdiciar tanto dinero en enviar combustible, y por tanto, se podrá aprovechar ese espacio adicional para enviar cosas de igual o mayor utilidad para las misiones.

    Respecto al tema del agua, se sabe de la existencia de agua líquida en el subsuelo marciano, además del agua congelada que se encuentra en los polos del mismo. Existen proyectos destinados a utilizar los recursos en estos polos y, algunos de ellos plantean redirigir asteroides para descongelarlos y obtener el agua y CO2 que estos contienen.

Situación actual – Opinión

Concluyendo el artículo (finalmente), hemos explorado a grandes rasgos lo que es la terraformación: su definición, las consecuencias que nos trae –tanto negativas como positivas–, su importancia para la humanidad como especie y lo que se debe considerar para poder terraformar. Ahora toca pisar tierra firme y analizar qué tan realista esto puede ser.

Hoy en día, el proceso de terraformación es imposible: no tenemos la tecnología para realizar cambios a tan gran escala, el viaje espacial es muy costoso y no contamos con ninguna fuente de energía que nos ayude con la tarea. Si nos lanzamos a terraformar Marte, o cualquier otro planeta o satélite ahora mismo, jamás llegaríamos a nuestro objetivo. Lo que sí podemos hacer ahora es comenzar con los preparativos para una tarea de esta escala. En la actualidad se encuentra, en fase de experimentación y desarrollo, tecnología que nos serviría para la tarea. Se están desarrollando proyectos para utilizar los recursos del mismo planeta (como el MOXIE), los viajes espaciales cada vez se desarrollan más –lo cuál hará que, eventualmente, dejen de ser tan caros– y existen proyectos que nos pueden ayudar con el problema de la energía, como una esfera de dyson, una megaestructura capaz de aprovechar la energía de una estrella.

Por más que la terraformación no pinte actualmente en nuestro futuro cercano, no quiere decir que no lo hará más adelante, y junto con esto, nuestro sueño de viajar más allá de las estrellas.

Referencias bibliográficas

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